Raimundo Iáñez es un pintor granadino que ha desarrollado un itinerario básicamente experimental por los caminos del dibujo y de la técnica mixta entre el acrílico y el óleo, y cuyo nucleo temático es el ser humano.
Las figuras humanas con las que Raimundo Iáñez estructura su obra, son iconos intemporales, símbolos de una existencia superior que el autor convoca en sus lienzos. La actitud erecta del "hombre universal" que puebla sus cuadros y dibujos es la expresión esencial humana del deseo de perfeccionamiento.
El Sol y la Luna, el principio ígneo, creador de la Tierra; la tridimensionalidad del espacio, se encuentran según la filosofía tántrica, simbolizadas en la cabeza humana como centro generador del Universo. Esas cabezas dubitativas, inclinadas, buscadoras de la luz, de cuerpo difuso, diluido en un tono abrumador, son el centro en la reflexión del artista, cuyas anteriores experiencias en el campo de la representación teatral influyen, sin duda, en ésta exaltación de la expresión corporal, que es la esencia de una obra de clara inspiración literaria y musical, de ritmos siempre ascendentes, que se desarrolla estéticamente en una permanente dialéctica entre la pureza y simplicidad de la línea; la intensidad y el delirio de las masas cromáticas.




